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Más empleo, pero de menor calidad

Más empleo, pero de menor calidad

La lectura lineal del índice de desempleo ha dejado de ser una herramienta metodológica integral para diagnosticar la realidad del mercado de trabajo en la Argentina, en un contexto donde las condiciones de contratación sufren una degradación constante.

Un reciente documento elaborado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) advierte que, a diferencia de crisis previas como la caída de la convertibilidad, el debilitamiento laboral actual no se manifiesta a través de un despido masivo, sino mediante un marcado avance de la informalidad y el autoempleo. El estudio destaca que las políticas oficiales, orientadas a implementar una reforma en la legislación laboral, resultan insuficientes para corregir de fondo este desfasaje estructural si no se acompaña la iniciativa con un incremento real en los niveles de productividad general del aparato económico.

La paradoja que enfrenta el modelo radica en un cambio profundo en la matriz productiva que impulsa el crecimiento de la economía. Durante ciclos históricos anteriores, los sectores industriales, el transporte y la actividad comercial funcionaban como los principales generadores de empleo de calidad, representando la industria manufacturera el 25,4% de la expansión económica, el comercio el 20% y el transporte el 11,9%. Por el contrario, en el período comprendido entre los años 2023 y 2025, el dinamismo económico estuvo liderado por las actividades primarias con un 39,6%, las finanzas con un 35,1% y la minería y explotación de canteras con un 24,6%. Estos tres sectores de alta rentabilidad poseen una capacidad muy acotada de absorción de mano de obra directa, lo que impide que el repunte registrado en provincias mineras y energéticas como Neuquén y Río Negro logre compensar la caída nacional de los puestos asalariados estables.

Como consecuencia directa de esta configuración, una porción mayoritaria de la población activa se ve desplazada hacia un mercado laboral microinformático de subsistencia. Los datos del informe reflejan que el 48,3% de los ocupados se desempeña actualmente en este segmento microinformal, superando el 45,9% medido en el año 2023. De manera paralela, la participación del sector público en el total del empleo se redujo del 20,1% al 16,7%, mientras que el sector privado registrado apenas mostró una variación marginal al pasar del 34% al 35% del total de los puestos existentes. Esta parálisis en el empleo privado formal empuja a los trabajadores independientes, cuentapropistas y no asalariados a representar ya el 31,7% de la fuerza laboral urbana, consolidando al trabajo autónomo informal como un refugio ante la escasez de alternativas corporativas viables.

Este corrimiento hacia el autoempleo y la desprotección ha provocado que el porcentaje de trabajadores en puestos considerados precarios ascienda al 45% en el año 2025, superando el 42,6% documentado en el año 2010. La vulnerabilidad golpea con mayor intensidad a los asalariados informales, donde la precarización alcanza al 81,1%, y llega al 66,5% en todo el sector microinformal, aunque el deterioro alcanzó también a los puestos privados formales estructurados, cuya tasa de precariedad creció hasta el 29,1%. El análisis dinámico de la UCA concluye señalando una desmejora en las trayectorias de movilidad, dado que la probabilidad de que un desocupado pase a un autoempleo informal creció del 24,1% al 29,5%, al tiempo que el traspaso directo desde un puesto privado registrado formal hacia el cuentapropismo desprotegido trepó del 4,8% al 6,2%, consolidando brechas de ingresos cada vez más profundas entre los trabajadores protegidos y el resto de la población.

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