La crisis económica actual continúa golpeando con fuerza al sector privado de Jujuy, profundizando un fenómeno de persiana baja en los locales tradicionales y modificando de manera drástica el mapa mercantil de la provincia.
Referentes de la Cámara de Comercio de la provincia advierten con seria preocupación sobre una marcada tendencia en la que los emprendedores, ahogados por la excesiva presión impositiva, los incrementos tarifarios y los desmedidos cánones locativos, deciden abandonar las estructuras formales. Este proceso de repliegue está provocando que múltiples comerciantes opten por mudar sus negocios hacia la informalidad, operando de manera directa desde los livings de sus viviendas particulares a través de plataformas virtuales y redes sociales con el único propósito de suprimir los costos fijos asociados al mantenimiento de un local de atención al público.
Frente a esta coyuntura crítica que ya registra antecedentes en localidades como Perico y San Pedro, y que ahora se hace evidente con el cese de reconocidas firmas en San Salvador, las autoridades municipales de la capital provincial pusieron en marcha una nueva disposición orientada a mitigar el impacto financiero sobre las estructuras más pequeñas. En una reciente mesa de diálogo con las entidades mercantiles, el municipio capitalino detalló la implementación de un régimen simplificado de habilitación que beneficia de manera directa a los establecimientos que no superen los 100 metros cuadrados.
La normativa establece una rebaja del 50 % en el cobro de las tasas administrativas de habilitación durante un período de seis meses, sumando el compromiso oficial de centralizar las bases de datos de las distintas dependencias de la comuna para evitar la duplicación de trámites documentales y la gestión de flexibilizaciones en los criterios exigidos por la Dirección de Bomberos para edificios o galerías.
A pesar de estos paliativos fiscales locales, la fisonomía del centro de la ciudad de San Salvador experimenta transformaciones radicales que marginan al comerciante autóctono. Según las observaciones de la referente sectorial Claudia Galante, los históricos locales de la capital se ven forzados a cerrar sus puertas o a concentrar sus operaciones únicamente en sus casas matrices debido a las exigencias económicas desproporcionadas por parte de los propietarios de los inmuebles. Como contrapartida a esta retirada, las grandes superficies comerciales que quedan vacías —entre las que se mencionan la emblemática ex Galería Jujuy y las antiguas instalaciones de la sucursal del Banco Galicia sobre la calle Belgrano— comienzan a ser acaparadas de forma masiva por corporaciones importadoras sustentadas por capitales de origen extranjero.
La prioridad absoluta del comerciante tradicional jujeño se reduce hoy a la supervivencia operativa inmediata, lo que implica garantizar el pago regular a los proveedores para no interrumpir el abastecimiento de mercaderías, relegando a un segundo plano el cumplimiento de las obligaciones fiscales nacionales como el IVA o los aportes de las cargas patronales y previsionales. A este complejo escenario de asfixia interna se le añade la feroz competencia que representan los gigantes globales del comercio electrónico y las plataformas de venta directa como Mercado Libre, Temu y Shein. Ante esta realidad digital, los titulares de los negocios tradicionales se ven obligados a monitorear permanentemente las cotizaciones virtuales para utilizarlas como valores de referencia antes de etiquetar sus propios productos, intentando rediseñar sus estrategias de venta basándose en la atención personalizada y otros atributos diferenciales.
