Un revelador hallazgo en las profundidades del Océano Pacífico ha puesto en evidencia la existencia de miles de especies biológicas previamente desconocidas.
Estas estructuras rocosas de tonalidades oscuras, que poseen dimensiones similares a las de una manzana, yacen dispersas en las llanuras abisales y se han convertido en el foco de una intensa disputa que involucra a la comunidad científica, consorcios corporativos y diversos Estados. La relevancia económica de estas rocas radica en que funcionan como depósitos naturales de metales críticos para el avance tecnológico y la transición energética global.
El proceso de formación de estos nódulos abarca millones de años, desarrollándose de manera extremadamente pausada a razón de escasos milímetros por cada millón de años transcurridos. Su origen se produce mediante la acumulación progresiva de metales disueltos en el agua y en los poros de los sedimentos marinos, los cuales se asientan alrededor de un núcleo orgánico, como restos de conchas, huesos o sedimentos acumulados. Se estima que la antigüedad de muchas de estas rocas oscila entre los dos y los diez millones de años, conteniendo en su estructura valiosos componentes como el cobre, el níquel, el cobalto y el manganeso.
La atención geopolítica se concentra especialmente en la zona de Clarion-Clipperton, una vasta planicie abisal situada entre México y Hawái que abarca alrededor de seis millones de kilómetros cuadrados y alcanza una profundidad promedio de 5.000 metros. Las evaluaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos apuntan a que los volúmenes de cobalto y manganeso presentes en dichos nódulos superan con creces las reservas continentales conocidas en la actualidad. No obstante, un censo realizado por el Museo de Historia Natural de Londres identificó 5.578 especies en muestras extraídas de la región, revelando que únicamente 436 poseían una designación taxonómica previa, mientras que las restantes 5.142 eran completamente nuevas para la ciencia y dependen de las rocas para subsistir.
El panorama regulatorio se mantiene complejo e incierto, dado que la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos ha concedido 31 contratos de exploración a 22 contratistas pertenecientes a 21 países diferentes, aunque todavía resta la ratificación de un código comercial definitivo. En este contexto, Nauru propulsó en 2021 la intervención de The Metals Company, cuya firma afiliada recolectó con éxito más de 3.000 toneladas de nódulos en el área NORI-D para su posterior procesamiento en la localidad de Hachinohe, Japón. La tensión se incrementó significativamente luego de que Estados Unidos promulgara una orden ejecutiva destinada a viabilizar las licencias de minería submarina, recibiendo el posterior rechazo de la entidad internacional.
Frente al avance del interés extractivo, la comunidad científica internacional y diversas organizaciones no gubernamentales han redoblado sus advertencias debido a los antecedentes de degradación ecológica irreversible. El caso testigo de DISCOL, un experimento de arado submarino efectuado en 1989, demostró mediante estudios recientes que las huellas en el lecho marino persistían sin recuperación total luego de tres décadas. Ante la realidad de que más del 90% de las especies que habitan este entorno carecen de una descripción formal, al menos 32 naciones han solicitado una moratoria o pausa precautoria, mientras las deliberaciones del Consejo de la entidad reguladora en Kingston concluyeron sin lograr un consenso definitivo.
