El viento zonda provocó graves destrozos materiales en la Vieja Estación de la capital, lo que obligó a las autoridades a suspender de inmediato el Paseo de Invierno hasta el próximo lunes.
Las intensas ráfagas afectaron a toda la región bajo alertas meteorológicas de niveles amarillo y naranja, generando además voladuras de techos, caída de cables y colapso de infraestructura en diversos puntos de San Salvador. En el predio ferial, el fenómeno climático causó la destrucción total de las estructuras y de la producción de más de un centenar de artesanos y trabajadores independientes que participaban del evento cultural.
El desastre natural derivó rápidamente en un profundo conflicto debido a las graves acusaciones de los feriantes contra la gestión municipal. Según explicaron los damnificados, durante la noche previa solicitaron formalmente el ingreso al predio para desarmar y resguardar sus instalaciones ante la inminencia del temporal, pero los funcionarios locales les denegaron el acceso asegurando que la guardia nocturna se encargaría de la seguridad de las pertenencias. Inclusive durante la madrugada, cuando el viento recrudeció y varios emprendedores se acercaron desesperados al lugar, el personal de control les impidió el paso, lo que devino en escenas de devastación total que los propios feriantes descubrieron a primera hora de la mañana a través de filmaciones.
El impacto económico para los trabajadores es crítico, registrándose pérdidas absolutas en rubros delicados como la cerámica, las plantas, la marroquinería y la gastronomía, donde estanterías completas terminaron en el suelo. En el sector de pastelería y panadería fina, toda la producción debió ser desechada de inmediato por la contaminación con el polvo en suspensión, una situación que se vuelve irreversible ante la histórica proliferación de palomas que afecta al edificio de la Vieja Estación y que el municipio nunca solucionó. La rotura generalizada de los gacebos particulares anuló cualquier posibilidad de mantener los estándares mínimos de salubridad para la venta de alimentos en el espacio abierto.
La tensión social aumentó significativamente tras la llegada del director del área municipal encargada del evento, cuya intervención lejos de calmar los ánimos profundizó el malestar colectivo. A pesar de que cada feriante había abonado un canon obligatorio que teóricamente cubría un seguro de resguardo y vigilancia, el funcionario descartó de manera tajante cualquier tipo de compensación financiera por los daños y sugirió de forma despectiva descartar las estructuras rotas y conseguir equipamiento nuevo por cuenta propia para retomar la actividad el lunes. Asimismo, las autoridades advirtieron que aquellos emprendedores que opten por retirarse definitivamente de la feria no recibirán el reintegro del dinero invertido por el derecho de piso.
