La tensión en las inmediaciones de la vieja terminal de ómnibus alcanzó un punto crítico este martes, cuando una histórica vendedora ambulante, conocida por la comunidad como Doña Angélica, decidió encadenarse a su puesto de trabajo.
La medida de fuerza surge como un último recurso de resistencia frente a los intentos de desalojo por parte de las autoridades municipales, quienes exigen el traslado de su parada de venta de bollos ubicada sobre la calle Zegada, sitio donde la mujer desempeña su labor desde hace más de cinco décadas.
La protagonista de esta protesta, quien padece una discapacidad física, manifestó con profunda angustia que el puesto representa su único sustento económico. A pesar de las presiones de los inspectores, la damnificada asegura contar con toda la documentación y los permisos municipales en regla, habiendo cumplido incluso con el reciente empadronamiento oficial que la habilita específicamente para trabajar en ese sector del mercado. Según su testimonio, esta situación le genera una constante incertidumbre que afecta directamente su bienestar emocional y estabilidad financiera.
El conflicto se agravó tras la llegada de agentes municipales que, según relató Agustina, sobrina de la vendedora, acorralaron a las mujeres para advertirles que a partir del jueves tendrían prohibido comercializar sus productos en ese espacio. Familiares y allegados denuncian que detrás de estos movimientos existe la intención de liberar la zona para favorecer a nuevos comerciantes o priorizar cuestiones de circulación peatonal, ignorando los derechos adquiridos y los permisos firmados por los directivos del mercado que respaldan la permanencia de la trabajadora.
En el lugar también se hicieron presentes otras vendedoras ambulantes para solidarizarse con la protesta, quienes denunciaron un accionar sistemático de violencia psicológica por parte de los funcionarios de control. Las trabajadoras sostienen que el municipio suele demorar los trámites de los vendedores con mayor antigüedad para beneficiar a nuevos emprendedores vinculados a cambios de gestión política. Mientras tanto, la permanencia de Doña Angélica en el lugar mantiene en vilo a la zona, evidenciando la compleja realidad que atraviesa el sector del comercio informal en la capital jujeña.
