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Denuncian contrabando de garrafas en la frontera 

Denuncian contrabando de garrafas en la frontera 

El tráfico ilegal de mercaderías en la frontera norte vuelve a estar en el centro de la escena tras la viralización de registros visuales que exponen el cruce clandestino de garrafas de Gas Licuado de Petróleo (GLP) desde la localidad boliviana de Villazón hacia La Quiaca.

El motor principal de este persistente “contrabando hormiga”, caracterizado por el traspaso constante de pocas unidades a través de pasos no autorizados, radica en la asimetría económica entre ambas naciones. Mientras que en Bolivia el tubo de 10 kilos se comercializa a un precio subsidiado por el Estado de 22,50 bolivianos (lo que equivale a unos $4.820,29 pesos argentinos), en el territorio nacional su valor de reventa se dispara de forma ilegal hasta alcanzar sumas de entre 180 y 200 bolivianos, rozando previamente los $30.000 o superando los $42.800 según los tipos de cambio actuales.

Esta marcada brecha de precios no solo representa un perjuicio financiero para las arcas estatales de Bolivia, sino que además impacta directamente en el bienestar de la comunidad fronteriza de Villazón. Vecinos y comerciantes locales han expresado su profundo malestar debido al desabastecimiento provocado por este desvío de combustible, obligando a las familias que dependen del suministro para cocinar o calefaccionarse a realizar interminables filas para conseguir una unidad. Si bien la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) de Bolivia ya había ratificado oficialmente la existencia de este fenómeno a comienzos de 2026, los reportes institucionales advierten que los volúmenes de distribución diaria en dicha ciudad se mantienen llamativamente altos, promediando entre 800 y 900 garrafas por jornada, una cifra muy cercana a los niveles previos a la expansión de la red de gas domiciliario en la zona.

La porosidad de los límites geográficos facilita estas prácticas ilegales que van mutando de dirección según las fluctuaciones cambiarias del momento, haciendo que a veces los productos fluyan desde Argentina y, en otras ocasiones como esta, en sentido inverso. El complejo panorama de control en La Quiaca refleja una realidad que se extiende a otros puntos críticos de la frontera, como ocurre en la salteña localidad de Aguas Blancas y su conexión con Bermejo. Allí, el circuito informal manejado por pasadores y transportistas se consolida a través del río Bermejo mediante senderos alternativos, chalanas y peligrosos gomones improvisados, lo que motivó que durante el año 2025 el Gobierno argentino instalará una estructura de alambrado de unos 200 metros en un intento por canalizar el flujo peatonal exclusivamente hacia las oficinas migratorias.

Ante la falta de novedades oficiales respecto a recientes incautaciones vinculadas a los últimos episodios denunciados, la población civil y los comerciantes de la región afectada insisten en la urgencia de implementar medidas de fondo. Las demandas apuntan a un reforzamiento drástico de la vigilancia en las rutas clandestinas, una fiscalización rigurosa sobre los centros de almacenamiento locales y un seguimiento estricto de la cadena de distribución del GLP. La meta de estos reclamos es frenar el acopio irregular y aplicar sanciones ejemplares a quienes lucran con un recurso esencial protegido por subsidios estatales, garantizando de este modo el acceso equitativo para las familias de la frontera.

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