Cada 23 de mayo se conmemora el Día Mundial contra el Melanoma para generar conciencia sobre esta enfermedad.
Los diagnósticos de melanoma han experimentado un crecimiento sostenido a escala global, posicionándose en la actualidad como el responsable del 4% de la totalidad de los tumores malignos que afectan a la piel. Esta variante se destaca por su elevado nivel de agresividad en comparación con otras afecciones oncológicas cutáneas, lo que enciende las alarmas de las comunidades médicas internacionales debido a su comportamiento y evolución.
El origen de esta patología se localiza específicamente en los melanocitos, un conjunto de células especializadas cuya función primordial es la producción de melanina, el pigmento que otorga el color natural a nuestro tejido cutáneo. El desarrollo del tumor puede manifestarse de dos maneras bien diferenciadas: ya sea mediante la aparición de una lesión completamente inédita en una zona de la piel que previamente estaba sana, o bien a través de la mutación y alteración de un lunar que el paciente ya poseía con anterioridad.
En lo que respecta a sus causas desencadenantes, la exposición a la radiación ultravioleta se consolida firmemente como la principal variable de riesgo para contraer la enfermedad. Este peligro latente no proviene de manera exclusiva de la luz solar directa, sino que se extiende con igual nivel de amenaza a aquellos dispositivos tecnológicos diseñados por el ser humano con fines estéticos o de bronceado, tales como las camas solares artificiales.
